La evaluación de las normas en los componentes funcionales de la lengua

Educación Manuel Ascy Sociedad

Revista Digital. Año 10 - Número 1. Ene-Mar 2012.

UCP "Manuel Ascunce Domenech". Ciego de Ávila.

ISSN:1811-9034

RNPS:2073

La evaluación de las normas en los componentes funcionales de la lengua

Assessment of the standards of the functional components of language

Fecha de recibido: 20 de enero, 2012.

Fecha de aprobado: 14 de marzo, 2012.

Resultado de trabajo científico metodológico de los autores M. Sc. Carlos B. Prado Pérez de Corcho, (P. Auxiliar) y Lic. Lourdes Alemán Assef, (Instructor).

Carlos B. Prado Pérez de Corcho. Licenciado en Educación, especialidad Español-Literatura. Profesor Auxiliar del departamento de Español - Literatura en la Facultad de Humanidades, en la Universidad de Ciencias Pedagógicas "Manuel Ascunce Domenech", de Ciego de Ávila. Es máster en Ciencias de la Educación Superior. Ha publicado diferentes artículos acerca de la metodología de la enseñanza del Español y la Literatura como asignaturas. Es autor de dos libros de literatura para niños y de cuentos y poemas recogidos en antologías nacionales e internacionales. Ha brindado colaboración internacional. e-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. . Teléfono: 22 7735.

Lourdes Alemán Assef. Licenciada en Educación, especialidad de Ciencias Humanísticas. Instructor. Ha participado en varios eventos de Pedagogía donde ha presentado trabajos basados en la promoción de lectura. Se desempeña como especialista del centro de Documentación e Información Pedagógica en la Universidad de ciencias pedagógicas "Manuel Ascunce Domenech" de ciego de Ávila. Posee varias publicaciones sobre su tema de investigación. Ha participado en diferentes eventos territoriales y provinciales.

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Resumen

El presente artículo está basado en el esclarecimiento acerca de los distintos tipos de normas existentes en la lengua y ofrece las posiciones que al respecto asumen diferentes autores. Lo novedoso en él radica en que ejemplifica cómo evaluar el aprendizaje de las normas en los escolares desde un punto de vista pragmático, no solo en la clase de lengua, sino en todo el proceso docente-educativo.

Palabras claves: norma, lengua, evaluar, aprendizaje.

Abstract

This article is targeted to clear up the different types of norms existing in language; some criteria are given according to the theoretical foundations by different authors. The novelty lies on the fact that throughout examples it is revealed how to evaluate the learning of the students about the norm from a pragmatic point of view, not only in the language lesson, but in the teaching -educative process as well.

Key words: norm, language, to evaluate, learning.

Introducción

Cuando se escucha el modo de expresión del emisor de un texto, el receptor del mensaje, si posee educación lingüística, podrá percatarse de la competencia comunicativa del hablante. Por otra parte, si el emisor ha utilizado la palabra escrita como vehículo de expresión, el lector puede comprender o no el mensaje, pues el entendimiento del texto no solo depende de las palabras que plasme el que ha escrito, sino además, del dominio de la ortografía del idioma y del cumplimiento de las normas: morfológicas, sintácticas, lexicales y estilísticas.

Es por ello que la enseñanza de la lengua obedece a diferentes normas, no obstante, antes de proseguir resulta necesario definir los conceptos lengua y norma para que los lectores adquieran una información más detallada acerca del tema que se aborda. Al respecto la doctora Angelina Roméu Escobar ofrece la siguiente definición: "La lengua es un sistema de signos orales y escritos que utilizan las personas en una comunidad". (Roméu Angelina, 2010). Por otro lado, Ivonne Blanco Botta define la lengua como sigue: "Es un sistema de signos que sirve como medio fundamental de comunicación en la sociedad humana, y caracteriza a la comunidad junto a otros rasgos sociales.

La lengua es un producto supraindividual, es un objeto construido que pertenece a la conciencia de un colectivo social determinado, en el cual surgió como producto de un proceso largo y donde es utilizada como un instrumento de comunicación del pensamiento, de conocimiento de la realidad y de conservación de los resultados del pensamiento. Tiene, por tanto, carácter semántico, semiótico, comunicativo y social". (Blanco Botta, Ivonne, 1980: 18).

Una vez que se ha definido el concepto de lengua, véase lo que se entiende por norma. La doctora Angelina Roméu ofrece la siguiente definición:"Es el uso establecido socialmente y aceptado como correcto con relación a la lengua". (Roméu Escobar, Angelina, 2010). Entiende por norma Ivonne Blanco Botta lo siguiente: "Es la realización colectiva del sistema que representa un nivel de abstracción intermedio entre la lengua y el habla. Lo que en realidad se impone al individuo, limitando su libertad expresiva y comprimiendo las libertades ofrecidas por el sistema, es la norma. Dentro de la misma comunidad lingüística pueden existir varias normas: familiar, culta, vulgar, popular, etcétera". (Blanco Botta, Ivonne, 1980: 19).

Atendiendo a ambos criterios sobre norma, solamente habría que esclarecer, de acuerdo con la opinión de otros autores, tales como: Max Figueroa Esteva, Denis Puerta, Sergio Valdés Bernal, Enrique Núñez y Rafael del Teso entre otros, que la norma puede estar enmarcada también en un área geográfica específica, que es la denominada norma regional. Esta norma regional además, puede estar circunscripta tanto al plano semántico, como al plano fonético. El primero de estos planos se basa en el significado de los vocablos, y el segundo entraña al proceso de pronunciación de los fonos de la lengua.

Es válido dejar esclarecido que la norma, de acuerdo con las academias que rigen el uso de las lenguas de manera culta, aparte de los planos semántico y fonético, se encarga de regular el empleo de los restantes niveles en que se estructura la lengua; es decir: el nivel fonológico, el nivel morfológico, el nivel lexical, el nivel sintáctico y el nivel del texto.

A propósito de estos planos y niveles que son regidos por la norma, es menester precisar que "la enseñanza normativa es la que establece normas o reglas, es la que dicta lo que es bueno y lo que es malo, la que prescribe lo correcto y lo incorrecto en cuanto al uso del lenguaje". (Roméu, Angelina, 2010). Por consiguiente, es objetivo del presente artículo ejemplificar las distintas formas en que se evalúan los componentes funcionales de la lengua, pues estos obedecen a las normas lingüísticas, y constituye una necesidad que los usuarios de la lengua, sobre todo, los profesores de los diferentes niveles educacionales posean competencia para evaluar las normas lingüísticas.

Desarrollo

En los momentos actuales constituye una problemática el desacertado empleo de las normas lingüísticas en la evaluación de los estudiantes en los diferentes niveles de educación, pues de acuerdo con los resultados de las visitas a clases y el muestreo acerca de la evaluación del aprendizaje, se observa como una regularidad que los docentes le ofrecen más valor al contenido de lo que se evalúa, sin ofrecer la importancia requerida a las formas de expresión. A partir de este objetivo señalado anteriormente, lo novedoso que se aborda en el presente artículo radica en que se ofrecen elementos teóricos de actualidad en cuanto a la enseñanza de la lengua, y además, se muestran vías acerca de cómo evaluar el aprendizaje desde un punto de vista integrador de los componentes funcionales.

En los actuales programas de estudio de Español-Literatura del nivel educacional secundaria básica se les denomina componentes de la asignatura a: la lectura, las estructuras gramaticales, la expresión oral, expresión escrita, ortografía y elementos de apreciación literaria. Ciertamente, estos son los componentes de la asignatura, en ese nivel; pero debe entenderse que los componentes funcionales de la lengua son: la comprensión, el análisis y la producción de textos. Acerca de estos se situarán ejemplos sobre cómo llevar a vías de hechos la evaluación.

Con la evaluación, entendida esta como parte inseparable del proceso docente-educativo, se pretende verificar qué elementos del aprendizaje de las normas los alumnos han alcanzado; es verificar hasta dónde son competentes los educandos, y en consecuencia, se entiende que la competencia normativa “es un conjunto integrado de conocimientos, habilidades, capacidades y convicciones que se manifiestan en el nivel de dominio de las normas (ortológicas, caligráficas, ortográficas, lexicales, gramaticales y textuales),  y su empleo óptimo y autorregulado, en cualquier contexto situacional en que tenga lugar la comunicación, lo que se revela en el saber hacer, saber aprender, en el saber actuar de forma activa, reflexiva y valorativa en el uso correcto de la lengua oral y escrita”. (Roméu, Angelina, 2010).

Las normas varían de una lengua a otra y, para situar un leve ejemplo, analícese lo siguiente: en la gramática de la lengua inglesa siempre el adjetivo se antepone al sustantivo, mientras que en español puede aparecer después o antes sin que esto constituya una violación de la norma ni afecte el contenido de lo expresado. No obstante, en lengua inglesa el adjetivo es invariable: no admite morfemas de género y número; pero en la lengua española el adjetivo tiene que concordar en género y número con el sustantivo al cual modifica, esté precedido o sucedido por él.

El dominio de las normas es imprescindible para lograr una eficiente comunicación, no solo desde el punto de vista semántico, sino que cuando se violan algunas de dichas normas sean: fonéticas, lexicales, sintácticas o textuales en el discurso oral o escrito, puede menguar el interés de los receptores por lo que se está comunicando, y a la vez se corre el riesgo de ser juzgado de ignorante o inculto, y lo que es peor: el emisor puede no ser comprendido.

 Para que las normas sean asimiladas de forma cabal y sean aplicadas, primeramente han de ser enseñadas sin dogmas, y para ello el profesor ha de concebir sus clases partiendo de la selección de textos que realmente sirvan como modelos acerca de las que deben ser aprendidas por los estudiantes, según los objetivos previstos en cada unidad de los programas de estudio. Por tal razón, lo más recomendable a tal efecto es adoptar el enfoque cognitivo, comunicativo y sociocultural; no obstante en el proceso de enseñanza-aprendizaje, este último debe ser evaluado sistemáticamente, y no solo cuando el profesor aplica la pregunta oral o la pregunta escrita para medir el conocimiento acerca de una regla morfológica, ortográfica o sintáctica, sino en cualquier circunstancia.

La evaluación es un proceso constante, y hay que admitir que su carácter es decisivo para el aprendizaje y por consiguiente, es también inviolable. De hecho, en la pedagogía se define la evaluación como la emisión de un juicio de valor y como un acto eminentemente comunicativo. Entre las características de la evaluación se encuentra la concreción, lo que significa que sea factible y que se establezca a partir de indicadores previstos para alcanzar los estados de desarrollo hacia el ideal socialmente establecido.

 Cuando el proceso de enseñanza-aprendizaje va más allá de la clase, la evaluación también  continúa ese recorrido, porque educar no significa preparar a los estudiantes para la realización de un examen, sino que como señalara el insigne pedagogo cubano José Martí: “Educar es preparar al hombre para la vida”. Con esto se pretende exponer que el pedagogo nunca cesa en su labor educativa ni evaluativa.

Cuando el profesor compromete al estudiante con el aprendizaje, le hace saber con métodos persuasivos que su modo de actuación es valorado por la sociedad, pues otras personas han de juzgar sus saberes y sus procederes. Y si se analiza el fenómeno de la evaluación, abiertamente y sin ese rigor puramente academicista -en lo que a aplicación de las normas lingüísticas concierne- hay que señalar que en cada receptor hay un crítico, el cual puede elogiar, incomprender o censurar el mensaje que se le ha transmitido.

Dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, las clases de lengua en la enseñanza general politécnica y laboral ocupan el mayor tiempo del currículo, si se tiene en cuenta el tiempo que se les dedica a las demás asignaturas. Lo anterior implica que el cabal conocimiento de la lengua es primordial para que una persona se desempeñe como un ciudadano instruido y educado, pues mediante la lengua adquiere el caudal de cultura de su entorno. También es la lengua el vehículo mediante el cual expresará todo lo que piensa y lo que siente.

Es en las clases de lengua donde el profesor sistemáticamente va enseñando     las normas: ortológicas, ortográficas, gramaticales, lexicales y textuales; para ello se rige por el programa de estudios, de acuerdo con el grado o año que estén cursando sus estudiantes. Esos programas tienen sus objetivos los cuales le van mostrando al docente qué metas se deben cumplir en cada unidad didáctica, durante el curso y hasta todo el nivel de enseñanza. También dentro del calendario escolar aparecen los momentos en que se aplicarán los exámenes, ya sean parciales o finales; pero esto no significa que el profesor tenga que esperar el momento en que está calendariada la evaluación para medir el aprendizaje de sus estudiantes.

“La evaluación tiene que ser percibida por el alumno como un proceso natural de perfeccionamiento humano que le va a permitir su desarrollo en la medida que él mismo aprenda a autoevaluarse, a evaluar el trabajo de los demás e incluso el del maestro por el carácter bidireccional que la evaluación tiene”.(Gutiérrez Moreno, Rodolfo: 2004). Teniendo en consideración el criterio anterior, el estudiante constantemente debe sentirse evaluado, no para que se conforme con la opinión de su profesor o la de sus compañeros, sino para que tenga conciencia de si ha sido eficiente el resultado de su aprendizaje o no lo ha sido, y para que sepa además, cuáles son sus errores y qué medidas deberá adoptar para subsanarlos.

El profesor planificará las evaluaciones que les aplicará a sus estudiantes y para ello, en el caso del componente funcional comprensión de textos, deberá  seleccionar lecturas que estén de acuerdo con la edad y el grado que cursan. Sin embargo, esas evaluaciones no tienen que aplicarse solo en los momentos calendariados, sino que cada texto que utilice en sus clases para enseñar las normas lingüísticas, deberá ser aprovechado para practicar la comprensión y evaluar a sus estudiantes. Ese es uno de los  momentos que tiene para emitir un criterio evaluativo a cada uno de ellos en cuanto a comprensión, y esto a su vez, no es óbice para que el texto sea aprovechado en la enseñanza de las normas.

“El análisis constituye un proceso lógico del pensamiento, mediante el cual es posible descomponer el todo en sus partes. Como método lógico no puede disociarse del proceso opuesto, es decir, la síntesis, que permite integrar las partes en un todo hasta alcanzar una visión generalizada del aspecto de la realidad que se analiza. Análisis y síntesis son los polos de un mismo proceso. (Roméu, Angelina: 2010). Es oportuno enfatizar que el componente análisis de textos  se caracteriza por estudiar las estructuras de los planos y niveles de la lengua. Mediante el análisis se aprenden las normas, y lógicamente el aprendizaje de estas normas se evalúa.

No en todo momento durante el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lengua, las normas se evalúan con naturalidad, ni se realiza un cabal análisis de las estructuras en función de la comunicación verbal. Esta evaluación de las normas no debe ser vista como un puro acto académico, formal, regulador y destinado a informes estadísticos ulteriores.

La evaluación de las normas debe ocurrir paralelamente al proceso de enseñanza de las mismas pues si se enseñan siguiendo el enfoque cognitivo, comunicativo y sociocultural, a partir de textos, también se evaluarán a partir de textos que han de ser  comprendidos y analizados. ¿Se evalúan a través de un examen? No es preciso en todo momento, porque el resultado del aprendizaje  de cada estudiante debe ser controlado a través de distintas vías: la revisión de la libreta de notas, la aplicación de preguntas orales  y  escritas, la realización de trabajos independientes dejados como tareas extraclases y en la comunicación oral o escrita en cualquier circunstancia.

Cuando el profesor detecte violación de ciertas normas lingüísticas por parte de algunos de sus estudiantes durante el proceso de la clase, puede proceder de distintas maneras. Una de estas consiste en anotar cuáles han sido las violaciones durante el turno de clase, y al final sin decir quiénes han sido los que han incurrido en errores, se dicen cuáles se han cometido y cómo se subsanan, y desde luego, el docente precisará qué regulaciones establecen las normas lingüísticas. De este modo nadie en particular se siente censurado, y se asimila la crítica colectivamente. Otro procedimiento para la corrección es  anotar cuál ha sido el error, y en un momento oportuno en la clase o fuera de esta, sin llamar la atención del grupo, el profesor le manifiesta al estudiante cuáles fueron sus incorrecciones y qué debe hacer para corregirlas.

En el caso de la calificación de las evaluaciones escritas, el profesor  señalará todo tipo de error que vaya en detrimento de las normas lingüísticas; pero debe tener en consideración que cuando realice cada señalamiento, este debe ser preciso para que  cuando devuelva las hojas escritas a los estudiantes, estos se sientan orientados hacia las dificultades que habrán de subsanar: errores de acentuación, de concordancia, repeticiones innecesarias de palabras, ideas inconclusas, mal uso de mayúsculas, omisión o usos inapropiados de los signos de puntuación, etcétera.

Véase el siguiente caso, que a manera de ejemplo, ilustrará la forma en que se puede concebir la evaluación de las normas lingüísticas en estudiantes de noveno grado. Se ha seleccionado la unidad 7 porque entre los objetivos de dicha unidad didáctica están: interpretar la obra literaria de José Martí y  producir textos donde se utilice correctamente el gerundio.

-Lee atentamente el siguiente texto para que apoyándote en él respondas:

¿Del tirano? Del tirano
Di todo, ¡di más!: y clava
Con furia de mano esclava
Sobre su oprobio al tirano.

¿Del error? Pues del error
Di el antro, di las veredas
Oscuras: di cuanto puedas
Del tirano y del error.

¿De mujer? Pues puede ser
Que mueras de su mordida;
Pero no empañes tu vida
Diciendo mal de mujer.

a) Busca el significado de las incógnitas léxicas en el diccionario.

b) ¿Qué idea sugieren los versos de la primera estrofa?

c) ¿A qué exhorta la segunda estrofa?

c) ¿Consideras justa esa exhortación? Argumenta tu respuesta.

d) Expón con tus palabras la idea que te han sugerido los dos primeros versos de la tercera estrofa.
e) Comenta el mensaje que has hallado en los versos finales de esa estrofa.

f) Extrae el gerundio que aparece en el texto poético. ¿Por qué podemos afirmar que se ha empleado correctamente?

g) ¿Qué otro gerundio como sinónimo hubiera podido Martí emplear, sin que se afectara la medida del verso?

h) Escribe un breve texto basándote en el respeto que merecen las damas y, además,  emplea en él correctamente algún gerundio. Explica el tipo de acción que realiza con relación al verbo principal de la oración.

En el caso de las normas ortográficas hay varios modos para aplicar la evaluación. Por línea general, en exámenes de pruebas de ingreso a: los institutos preuniversitarios vocacionales de ciencias exactas,  la educación superior y otros tipos de escuelas con requisitos especiales, se emplea el dictado como un tipo de pregunta, pero ¿acaso es el dictado la única vía para evaluar el aprendizaje de las normas ortográficas? En un examen constantemente se evalúa la ortografía, pues en todas las preguntas se tiene en cuenta, y se realizan los descuentos de acuerdo con la escala asignada en el nivel educacional que se examine.

Se evalúa la ortografía en cada momento en que el profesor interactúa con el estudiante: al revisarle la pregunta escrita, al indicarle que realice un ejercicio en la pizarra, al revisarle la libreta y en todo acto de escritura. Pero no es solo el profesor de lengua el que debe evaluar el aprendizaje de las normas ortográficas, sino todo el colectivo docente y en cualquier circunstancia. Desde luego, lo manifestado anteriormente no es óbice para medir el aprendizaje teórico de ciertas normas ortográficas, que puede ser en un examen final o en una pregunta de control sistemático en una clase de lengua.

Un ejemplo acerca de cómo evaluar las normas ortográficas puede ser el siguiente, tomando como base la unidad 5 de Español-Literatura en séptimo grado, pues entre sus objetivos prevé el trabajo con homófonos y parónimos, así como la acentuación de voces sobresdrújulas.

I-Lee atentamente el siguiente texto:

“Natasha observo a Vania con el rabillo del ojo y lo vio sin probar aun la sopa de col. Le dijo que el primo Volodia vendria esa tarde y como este comia siempre de todo, seguramente seria mas fuerte y mas resistente para ayudar a los rojos en el frente. Estuvo repitiendoselo por algunos minutos y despues, con enfasis le dijo:

-Cometelo asi, hasta la última cucharada, no permitas que alguien mas nuevo que tu pueda ir primero a la batalla por ser simplemente de mejor apetito.”
Tomado de: Cuentos, de  A. Suteriqi

1- Seguramente habrás notado que en el fragmento anterior no se han colocado las tildes. Sitúalas donde deben estar.

2- ¿Cuáles son las palabras sobresdrújulas que has encontrado? ¿Por qué las clasificas dentro de esa categoría?

3- Ahora que ya has colocado las tildes, expresa quién imaginas que sea Natasha y quién Vania,  según el contenido del texto.

4- ¿En qué época histórica ubicarías la narración? ¿Cómo lo has descubierto?

5- Sustituye en el texto la palabra hasta por un sinónimo y que este a la vez sea homófono de otro vocablo que allí aparece.

En el caso de la evaluación de las normas gramaticales –que son muchas y variadas- tales como usos de: preposiciones, el verbo haber como unipersonal,  la concordancia entre sustantivo y adjetivo o entre sujeto y verbo, el gerundio, los adverbios, etcétera,  el profesor señalará cada error y les mostrará a sus alumnos cuáles han sido sus errores y les precisará el modo de subsanarlos, y para ello es menester recalcar en las normas morfosintácticas que fueron incumplidas, de acuerdo con el tipo de violación. Véase este ejemplo de los errores cometidos por un estudiante de noveno grado al producir su texto, y la forma en que el profesor le señaló los errores:

“Los versos finales de la estrofa nos advierten de que un hombre puede ser engañado o burlado por una mujer, pero los hombres no debemos de hablar de las mujeres y despretigiarlas”.

Estos ejemplos demuestran que las normas son evaluables en la teoría y en la práctica. ¿Tienen que evaluarse en un examen obligatoriamente, en un tiempo calendariado para ese fin? Obviamente no, porque estas evaluaciones pueden aplicarse en un tiempo específico de una clase, si se crean las condiciones previas para ello.

En fin, y a modo de conclusión, hay que señalar que las normas lingüísticas se pueden evaluar en cualquier momento, tanto en la clase como en los trabajos independientes que se indiquen como tarea extraclase. Además, estas evaluaciones pueden ser orales y escritas, planificadas o espontáneas, porque si el profesor escucha o ve en cualquier circunstancia a un estudiante que ha cometido un gazapo, debe rectificarle el error desde una posición profesional, a fin de que lo subsane. También es oportuno significar que en cada calificación que el profesor realice debe dejar sugerencias o anotaciones que le indiquen a cada estudiante cuáles han sido sus faltas para que las pueda enmendar. Por último, no se debe olvidar que en las evaluaciones, se mide el aprendizaje de la aplicación de las normas en la comunicación de modo pragmático, no por elementos aislados del conocimiento.

Bibliografía

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